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En mayo pasado la capital del país se vio sorprendida por algunos sucesos violentos: La desaparición o supuesto levantón de 12 jóvenes en un bar de la Zona Rosa de la Ciudad de México, a los pocos días, el asesinato de cuatro personas en un gimnasio del barrio de Tepito y la represión de dos manifestaciones, una en pro de la justicia en el caso ABC y la otra por conmemorar el famoso “Halconazo”.

La división de estos hechos es clara, por un lado la violencia delictiva y la otra surgida a partir del enfrentamiento entre manifestantes y elementos de la fuerza pública, además de la violencia en común de estos acontecimientos, comparten otra característica y es que han puesto en un predicamento al jefe de gobierno capitalino Miguel Ángel Mancera.

Después de esta ola de violencia la figura como autoridad de Mancera se ha puesto en entre dicho y es que ya desde antes le habían hecho comentarios como “ya no es procurador de justicia y el saco le ha quedado grande”, ahora a ello se le suma que en redes sociales han pedido hasta su renuncia, mientras que otros especulan sobre un posible pacto entre Mancera y el PRI para que el tricolor regrese a gobernar la Ciudad de México. En este punto cabe analizar las diferentes directrices y los casos hipotéticos.

Las primeras dos hipótesis se derivan de la suposición que la violencia sea incitada por alguien o por algún poder político, un partido o un grupo político. Es decir que la violencia sería provocada para conseguir algo:

1) Pacto ManceraPRI: En este escenario algún político o grupo buscaría el desprestigio del jefe de gobierno para ostentarse el mismo como el salvador de la violencia, como ya lo hizo a nivel federal.

Si esto fuera cierto sería una negociación de poderes, es decir, un mero intercambio para conseguir posiciones y posesiones políticas, como en cualquier intercambio, ambas partes buscan un beneficio, unas por otras… Si esto fuera así, el PRD a través de Mancera tendría la oportunidad de intercambiar digamos, gubernaturas, a cambio de que los votos generados en la aglomerada capital se fueran al legislativo para escaños priístas, por ejemplo.

Con un plan a futuro, intercambiando una gubernatura de la envergadura y peso del DF, el PRD podría ganar ciertos estados claves para pensar en la grande… sí en la grande, la silla presidencial, o mínimo ganar popularidad a nivel estatal hasta llegar a lo más alto. Todo ello pensando evidentemente en la tribu correspondiente.

Para completar este hipotético escenario Mancera accedería a mostrarse ineficiente, falto de respuestas y soluciones ante la violencia generada, lo que le abriría paso a la oposición, sea cual sea, para solucionar con efectividad toda clase de problemas.

2) Tribus del PRD: Esta es la otra alternativa, muy similar a la anterior, pero con leves variantes. En lugar de una “intercambio pactado”, la violencia sería generada sin avisar, con el fin de causar crisis, y mostrar “la realidad”, la capital no es una burbuja exenta de violencia, con el fin de exponer la ineficacia de la autoridad local.

De esta manera la violencia incitada provendría de las tribus del PRD contrarias al grupo Mancera-Ebrard, los cuales como sabemos, son de la izquierda más moderada, la razón para desprestigiar y exhibir la administración de Mancera sería la misma que la arriba mencionada, lanzar al candidato de esta fracción, demostrar que los políticos surgidos de esta vertiente sí saben hacer las cosas, como las hizo AMLO o como las apuntalaron sus antecesores de la misma ideología y hacer político.

3) Hechos focalizados: En palabras de Miguel Ángel Mancera esto es lo que sucede en la capital, es algo así como hechos aislados, únicos, insólitos, los cuales tienen sus razones propias y no están ligados, hablando del caso de la Zona Rosa y Tepito; en cuanto a las manifestaciones pude suceder lo mismo, que ambas hayan sido reales, en el sentido que en efecto perseguían un ideal, surgido del inconformismo ciudadano y expresado con libertad, esto a su vez sin infiltrados, es decir, personas que van con la consigna de violentar y provocar enfrentamientos, lo que a fin de cuentas provocaría la crisis.

Ahora que planteamos estos escenarios habría que repensar si en efecto vivimos en una burbuja aislada de la violencia, o si es nuestro destino que la burbuja se rompa y la capital también se contagie de esa violencia como en otros estados.

También habría que preguntarnos: ¿Qué hará Mancera?.

En la siguiente entrega trataremos con algunas de las posibilidades de lo que se nos viene y lo que tal vez Mancera haga al respecto de este asunto.

Por El Opinador

@LaColumnaMx

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