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La belleza, el horror y la teología hallaron su espacio en la literatura romántica de mediados del siglo XIX para expresar la existencia del hombre de esos tiempos, el siglo posterior al “Siglo de las luces”. Lo que eclosionó fue oscuridad y magnificencia.

Sin embargo, hoy en 2014 una película que osa titularse como Drácula dirigida por Gary Shore y protagonizada por el británico, Luke Evans, ha arruinado cualquier vestigio del romanticismo aquel que ha inspirado y ha fascinado a tantas generaciones desde hace más de un siglo. A continuación los argumentos:

Lo visible y lo invisible

Visualmente la película como cualquier otra cinta contemporánea no tiene ningún reproche, es decir, los efectos especiales son adecuados, evidentemente hechos con una técnica y exposición correctas.

Sobre las actuaciones, si bien no son brillantes y no ganarán un Oscar, son decentes. En cuanto a la interpretación de los diálogos me quedan algunas dudas, pero ya perdido el sentido literario muy distante del mítico vampiro, lo que menos nos importa a estas alturas es cualquier tipo reexpresión en letras.

Sobre la trama, existe cierta carga histórica que lo único relevante es que hace una referencia al mito del vampiro griego, alusión que es muy acertada, pero que se desvirtúa conforme avanza la película, ya que el origen del conde en esta ocasión cambia radicalmente. La mutación de Vlad hacia Drácula es totalmente diferente a lo acostumbrado, aunque no por ello es digna de ser aplaudida, sino yo diría que al contrario.

La trama aunque un tanto apegada a la historia referente a las Cruzadas, no es clara. En esas guerras santas participó Vlad Tepes, el supuesto hombre del cual Bram Stoker tomó las bases para crear a Drácula; la versión de este 2014 plantea a un Vlad retirado de dichas guerras, como un hombre de familia, serio y enternecido por este amor.

Dado su retiro y que Vlad es el príncipe de Valaquia, un pequeño reino, que no cuenta con ejército amplio y por lo que se vuelve vulnerable a quienes le piden tributo. En esta cinta, un poderoso sultán le declara la guerra al príncipe dado que algunos de sus soldados desaparecieron en territorio de Vlad, éste pide ayuda a un vampiro para poder combatir las fuerzas militares del sultán.

El vampiro milenario (quizá contemporáneo de la antigua Grecia) le brinda su ayuda y lo convierte en Drácula, Vlad ahora obtiene poderes sobrenaturales, de hecho súper poderes. Incluso en un momento uno llega a pensar que este nuevo Drácula es una mezcla entre Batman, Wolverine, Neo (Matrix) y Gokú, y no bromeo con esta descripción:

Este Drácula de 2014 se parece a Batman porque controla a los vampiros al igual que el enmascarado, un recurso de su universo válido para ambos; sin embargo, el Vlad transformado es capaz de llamar a millones de vampiros. Habría que preguntarle a algún biólogo si en el planeta existieron alguna vez más de 100 millones de vampiros, ya que en la cinta un ejército de éstos devora a un ejército humano de 100 mil soldados.

Sobre las semejanza con Wolverine, el vampiro anciano le dice a Vlad que tendrá el poder de curar sus heridas al instante… Sí, igualito que Logan, hay que decirle a Drácula que tenga cuidado con las balas de adamantium, porque están tan canijas que ni el mutante de Marvel puede con ellas.

Neo y Gokú, ambos omnipotentes y súper poderosos en sus respectivos universos, no hay más fuertes que ellos, no hay nada que no puedan hacer o lograr, uno con la fuerza de la mente y el otro con la del corazón. Este Drácula es la mezcla de ambos, es ultra-súper-híper-mega poderoso, y no exagero. En la cinta acaba con un ejército de miles en unos cuantos segundos y luchando cuerpo a cuerpo; luego entonces calcule la velocidad y la fuerza, en serio parece ser tan poderoso como el mismísimo Gokú, pero usa una capa negra súper darks, al puro estilo de Matrix.

Por estas razones y muchas más (que ocupan mucho espacio) me ha parecido que esta película es de las más espantosas que haya visto jamás, de no ser por la agradable compañía no hubiera tolerado ni 20 minutos la sala de cine.

Lo invisible

Si usted querido lector, ya llegó hasta acá lo felicito porque ha llegado a la parte teórica densa: La literaria, quizá aburrida para algunos, pero la más interesante para otros. Presento un argumento que desvirtúa esta película.

Cuando afirmo que el romanticismo ha sido asesinado por este filme de Shore, no lo digo a la ligera, como cuando uno dice el amor ha muerto; lo digo con toda lucidez y sensatez. En este esperpento de versión draculea, la razón intrínseca del ser que da identidad a la novela romántica, se pierde por completo: Este héroe o personaje principal llamado Vlad o Drácula no corresponde al arquetipo literario.

El héroe romántico se ostenta como tal por su afán de vencer a Dios, o negarlo, ejemplos claros son el propio Drácula de Bram Stoker y el Frankenstein de Mary Shelly, el monstruo que se rebela ante su creador y una vez logrado ello se convierte en un ser arrojado a la existencia, pero dueño de sus propia y destino, más acentuado que el libre albedrío.

En términos estrictos un desgraciado, es decir, alguien fuera de la gracia de Dios. Es ahí en donde la mayor sensibilidad, tristeza, desasosiego y soledad confluyen en un solo ser que no es de este mundo. En el caso particular de Drácula, lo que lo mantiene con vida a través de lo siglos es el amor por Elisabetta, reencarnada en Mina y comprometida ahora con Jonathan Harker.

Ese amor de Vlad hacia Elisabetta se ve interrumpido por la muerte y la tragedia, Vlad se rebela contra Dios porque él ha sido su fiel sirviente en las Cruzadas y se siente ofendido al permitir que la vida de su amada le haya sido arrebatada. Por esta razón niega a Dios, blasfema contra su creador, lo cual en términos teológicos es un pecado y que además desobedece al primer mandamiento “Amarás a tu Dios por sobre todas las cosas”.

En el filme de Drácula de Francis Ford Coppola (1992), esta idea queda bastante clara en los primeros minutos de película y en el desenlace. Esto es un verdadero héroe romántico, la profundidad que llega a demostrar acerca del ser humano y sus pasiones y condiciones es lo que convierte a esta literatura en sublime: “He cruzado océanos de tiempo por ti” y para lograr el cometido, el héroe tiene que negar a tu Dios por amor a una mujer. Hay grandes historias de amor y Drácula.

Es así que en mi opinión esta película de Drácula de 2014, debería ser catalogada al igual que la de Everyman protagonizada por Homero Simpson (21×1): “Deberían aprobar leyes para que asegurar que jamás vuelva a ser proyectada en una pantalla”.

 

El Opinador

@LaColumnaMx

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